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Primera Sección

 

Índice de Contenidos

 

1- Batllismo y fútbol. (Andrés Morales Álvarez)

2- De las gallinas y el juego desgarrador. (Amir Hamed)

 

 

1- Batllismo y fútbol

 

Andrés Morales Álvarez

 

Introducción

El objeto de estudio de este artículo es reflexionar sobre el intenso proceso de construcción de identidades que se desarrolló en el fútbol uruguayo de los años veinte y treinta en torno a la llamada "generación olímpica". La identidad es el lugar que ocupamos en la estructura social, tiene que ver con el cómo nos imaginamos en oposición con los otros. Un grupo se afirma en oposición a otros, al afirmar las diferencias el propio colectivo genera una auto-imagen. Al acercarnos a la sociedad que dio lugar a los grandes festejos y celebraciones que generaron los triunfos futbolísticos de los años veinte y treinta, encontramos que la misma no era homogénea sino que era diversa. Lejos de existir unanimidad en torno a los triunfos, basados en ver a Uruguay como la "Dinamarca De América del Sur", encontramos en las voces que representaban a los diferentes miradas que se construyen en relación con el "otro", o con los "otros", llevando a que se articulen las lealtades en torno a los diferentes grupos (principalmente políticos) en relación a discursos que encerraban profundas alteridades. Desde el punto de vista político, el triunfo se transformó en un centro de intereses, en donde para diferentes personalidades estuvo en juego el status, el prestigio, el apoderarse para sí mismo de la victoria, y para otros, una forma de denunciar aspectos de los "otros". Detrás de ello hay una profunda disputa de las hegemonías, por articular con identidades sociales mayoritarias que permitan llegar al poder. La imagen edulcorada que nos ha llegado del Uruguay de los años veinte, de donde todos, criollos e inmigrantes, tenían trabajo y eran felices en esa especie de nueva arcadia, no coincide con muchos discursos silenciados que hemos descubierto.


La "generación olímpica" obtiene sus grandes triunfos en el período 1924-1935. El ciclo comienza con el oro olímpico de 1924 y 1928, continuando con el primer campeonato mundial de 1930 y terminando con el triunfo de Santa Beatriz de 1935. El Sudamericano de 1935 tuvo gran importancia en el imaginario nacionalista uruguayo. No olvidemos un hecho decisivo; el surgimiento del profesionalismo en 1931 llevó a que el seleccionado celeste de fútbol no pudiese mandar a su mejor selección a los juegos olímpicos de Los Ángeles en 1932. El boicot realizado por Italia al mundial de 1930, llevó a la no participación de Uruguay en el campeonato del mundo de 1934. Esto llevó a que la única competición internacional de la celeste fueron los amistosos y los sudamericanos.


Introducido por los ingleses a fines del siglo XIX, el fútbol fue hibridizándose en la mezcla entre lo gringo, lo negro, y lo criollo y transformándose en una de las principales seña de identidad de los uruguayos. Una de las formas en donde estudiar la "uruguayidad". Es en torno a los enfrentamientos con la selección Argentina, como fue madurando un estilo nacional de jugar ese deporte británico. La selección uruguaya va afirmando su identidad, su estilo futbolístico. Los enfrentamientos con Argentina empezaron en forma temprana. Ya en 1901 comenzaron los enfrentamientos, con motivo de los encuentros amistosos y por la copa Lipton. La camiseta todavía no era celeste, los colores eran muy similares a los del Club Nacional de Football. La aparición de la camiseta celeste se remonta a 1910, cuando Uruguay venció a la Argentina por 3 a 1 en la cancha de Belvedere.


Al tratar estos triunfos deportivos de la "celeste" desde el punto de vista del ritual, encontraremos como al espectáculo deportivo se le pueden atribuir significados, que permitan l el redescubrimiento de símbolos y generen alteridades. Es importante tener en cuenta que en el proceso se construcción de la identidad uruguaya el "otro" siempre es Argentina ya que eran los hermanos mayores de la gran familia del Río de la Plata; formados básicamente con el aluvión inmigratorio europeo, su estructura social y sus costumbres eran muy similares. Por ser tan parecidos, eran necesarios que se cultivaran significados que nos diferenciaran.


En un anterior trabajo, denominado "fútbol, política y sociedad", se habían trabajado los anclajes de larga duración que habían producido en el inconsciente colectivo nacional los triunfos de la generación olímpica. Desde el punto de vista metodológico, en esta entrega se buscó profundizar en el estudio de las diferentes reacciones de los actores políticos y sociales ente el estallido nacionalista producido por el triunfo de la selección celeste en 1924. Es una forma de presentar los discursos que a través de sus respectivos medios, hacen los mencionados actores. La prensa colorada batllista a consultar será "El Día" y la colorada antibatllista "La Mañana". El discurso de los blancos, se basará en "La Tribuna Popular", "El País" y la "Democracia". En la prensa izquierdista, se seleccionó el diario "Justicia", que respondía al recién nacido Partido Comunista, y "El Sol", que respondía a los socialistas. Partiremos primero contextualizando este período, para conocer las características de los diferentes actores políticos, sociales y culturales, para luego, en la segunda parte, ver su relacionamiento con los triunfos futbolísticos de la "generación olímpica".


"Batllismo y fútbol" pretende ser un buen ejercicio para pensar en el teórico y dirigente comunista italiano Antonio Gramsci. En sus "Cuadernos de la cárcel" escritos en la década de 1930 Gramsci logra desplazar el concepto de hegemonía desde lo político para llevarlo hacia una centralidad ética y cultural. Para el pensador, la "hegemonía" de la burguesía no se produce sólo a nivel político, si no que también se da en la práctica de la vida cotidiana. La forma diferente de articular con las masas debe mucho a la supremacía de un grupo social sobre los otros. El concepto de hegemonía gramsciano intenta desmarcarse del acentuado economicismo del marxismo de la tercera internacional, para poder defender la autonomía relativa de lo cultural. Será un aporte decisivo a los estudios sobre cultura popular, estudios sobre los cuales el fútbol es sólo una de las expresiones abordadas.

 

1. El país optimista del centenario
1.1. El marco socio-cultural


¿Cómo era esa sociedad uruguaya de las primeras décadas del novecientos? El Uruguay es, hasta 1930, una sociedad todavía acostumbrada a recibir el aluvión inmigratorio; en los años veinte la población trepaba ya hasta los 1.400.000 habitantes. Si en 1830 la población uruguaya cabía en el estadio Centenario (o sea alrededor de 70.000 almas), durante el siglo XIX prácticamente se quintuplicó, debido a la impresionante llegada de inmigrantes y al enorme número de hijos que permitía el casamiento de una madre a una edad muy joven. En el siglo XX, si bien la población ya no creció de la misma manera el gringo continuaba llegando a nuestras costas en busca de un mejor futuro. Criollos e inmigrantes se acostumbraron a convivir en una sociedad que también albergó minorías marginadas, como la colectividad negra, descendiente de los antiguos esclavos traídos durante la colonia.

El profundo discurso hipócrita del Centenario quería sentirse distinto de esa América Latina que respiraba a su lado, y logró hacer crear un imaginario en donde todos somos descendientes de europeos. Estudios recientes han demostrado que un importante porcentaje de nuestra población desciende de los guaraníes, que se mezclaron con los habitantes del interior del país. En ese momento esa verdad hubiera sido vista como una vergüenza En estas décadas es que comienza a desarrollarse una cultura urbana moderna en Montevideo, que será escenario de los grandes acontecimientos políticos, sociales y culturales de la modernidad uruguaya. Nuestra arteria símbolo, 18 de julio, poco a poco se transforma en el centro de la ciudad y del país, desplazando al tradicional boulevard Sarandí de la ciudad vieja. Va surgiendo una cultura urbana, basada en el anonimato, donde la cultura escrita de élite y de masas va sustituyendo a la tradición oral.(1)


"A la oposición decimonónica entre élite ilustrada y minoría analfabeta, sucedió en el novecientos la oposición entre dos culturas letradas, basadas ambas en la escritura [...]".(2) Por una lado encontramos el surgimiento del intelectual de café, del escritor profesional, quejoso, crítico, en algunos casos o como fueron la mayoría de los escritores pertenecientes a la llamada generación del centenario, orgánicos y apologistas del sistema. Por el otro, la gran prensa montevideana y el cine.


"La prensa de gran tiraje fue posible por la difusión de la enseñanza primaria que amplió el número de lectores potenciales, el acceso de las mayorías a la vida política, y la transformación interna de los periódicos. La venta en la calle sustituyendo a la suscripción enviada por correo, el abaratamiento del costo unido a la primacía del aviso comercial, la maquinaria de impresión perfeccionada, todo ello conjugado hizo de "El Día " el primer diario de masas." (3)


Había surgido un público lector de masas, con todas las implicancias políticas que esto trae. Cuando la reforma constitucional de 1918 instale el sufragio universal masculino, la gran prensa capitalina buscará poner al alcance de todos, los grandes temas políticos como forma de atraer votos. Todo lo que pudiera atraer lectores y futuros votantes servía extraordinariamente (y a como veremos toda la prensa estaba tremendamente politizada, respondiendo cada diario a diferentes colectividades políticas). De ahí la gran importancia de las novísimas crónicas policiales y deportivas. Cada diario como veremos, forjará un orden simbólico propio, tejiendo una red de significados en torno al colectivo a que respondía y creando alteridades. La visión del "otro" se construía muchas veces en la lectura cotidiana del diario preferido a la hora de acostarse o en el tranvía abarrotado.

Ser batllista era comprar "El Día" de la mañana o de la tarde y enterarse como le había ido a Uruguay en el "football", ser blanco era comprar la "Tribuna Popular" o "La Democracia" y leer todos los escándalos públicos que había traído la ley de divorcio, ser comunista era comprar el diario "Justicia" a la salida de la fábrica y colaborar comprando la rifa para solventar al matutino, ser socialista era comprar el semanario "El Sol" para leer las opiniones de Frugoni, ser católico era llevar "El Bien Público" a la salida de la iglesia. La propia lectura de los diferentes diarios, y su diferente reacción ante el triunfo de los olímpicos en Colombes en 1924 por ejemplo, nos llevó a ver lo diversa que era la sociedad, y lo equivocados que están los que nos hablan de un pasado de oro encantado.


La cultura urbana significó también un nuevo concepto de la dimensión del tiempo y del espacio. El Montevideo de las década del veinte y treinta se transforma en una gran ciudad, la experiencia de la modernidad se vive en la calle. El tranvía eléctrico y él automóvil permitían a sus habitantes desplazarse a las diferentes zonas de la ciudad. EL ir al cine los sábados de noche o al "football" los domingos llevaba a que personas en absoluto anonimato compartieran la experiencia de estar sentado junto a alguien que quizá nunca se volverá a ver. El café en la gran avenida, donde personas solas acompañadas por el diario y el pocillo del estimulante ven pasar el tránsito en la gran avenida es la verdadera postal de la época. Una imagen de una ciudad que crece, que se agiganta; a la regionalización de la ciudad a principios de siglo en centro comercial, zonas residenciales de la clase alta en el Prado, barrios proletarios como el Cerro, etc., se le sumaban ahora los barrios de recreo que daban a la recién nacida hacia los años veinte rambla montevideana que comienza a cambiar el imaginario montevideano. La publicidad, en forma de aviso comercial, empieza a propagandear el consumo de electrodomésticos. La radio, sobre todo en la década del treinta, se transformará en sinónimo de confort y placer.

En esta modernidad triunfante y alocada de estas décadas, la principal contradicción del país es entre Montevideo de asfalto y grandes edificios, y el interior, en que la vida en sus pequeñas ciudades y en el medio rural seguía siendo premoderna, dominada por el caudillo y sus relaciones de dependencia personal. Sí el fin de las guerras civiles en 1904 terminaron con el enfrentamiento armado, de ninguna manera terminaron con el enfrentamiento de dos formas de vivir y de imaginar el mundo. A lo largo del capítulo veremos como el "football" colaboró en la difícil integración simbólica en torno al himno y la bandera. El "football", sumado a la acción de la escuela primaria y su difusión de los grandes héroes patrios, han colaborado más que ninguno en la difícil empresa de hacer sentir uruguayo a un gran comerciante importador que vivía en un chalet en Pocitos y a un veterano de la batalla de Masoller (4) que vivía en Melo, la capital del lejano departamento de Cerro Largo.


La emergencia de nuevos actores sociales es otra de las características que corresponden a esta entrada en el pórtico del siglo XX. El aluvión inmigratorio, la migración interna desde el interior hacia Montevideo (que continuará en todo el siglo), la transformación económica ya iniciada en el siglo XIX, había producido una naciente industrialización amparada por la existencia de leyes proteccionistas y un aumento del sector servicios, creando empleos en la burocracia estatal y en el comercio. Esto llevaba a que en Montevideo se diera un fuerte crecimiento del proletariado y un ascenso de las clases medias. El censo industrial de 1908 nos había dado la existencia de 30.000 personas trabajando en la industria, entre obreros y capataces. Montevideo se empezó a acostumbrar a algo que le era desconocido antes, una fuerte conflictividad social, que se traslucía en huelgas y manifestaciones que terminaban en enfrentamiento con la policía. Los sectores políticos, sabedores que con la reforma constitucional del 18 el sufragio universal iba a ser inevitable intentaron todos tener una política obrerista y un discurso hasta un poco populista para atraerlos.

El football va a ser una verdadera pasión entre la clase obrera, y consciente de ello, todas las personas interesadas en querer figurar entre los trabajadores hablaban de este deporte, que poco a poco se nacionalizaba y dejaba de ser "cosa de gringos". El club de football y la taberna donde se tomaba alcohol y se leía el diario del dueño, era un motivo de fuerte sociabilidad y un lugar donde se construía el "nosotros". El domingo obrero, luego de la agitada jornada laboral en el frigorífico o la curtiembre, se aflojaba leyendo en la cama las páginas del diario "que publicaban reportajes meticulosos sobre crímenes, abusos sexuales y deportes".(5) No había nada más que fascinara al obrero que leer sobre un escándalo de la gente copetuda o del empate de su equipo en el último minuto. Esto, junto con la lectura del impreso de la quiniela, era el único tipo de estudio regular que llevaban a cabo unos hombres que no leían libros. El surgimiento de la radio en los hogares obreros (que se da durante el período que estamos estudiando, aunque lentamente), transformará absolutamente la cultura popular de las clases trabajadoras.


"La radio señaló el principio de la transformación de la vida del ser que era víctima más permanente de la cultura proletaria y, de hecho, de la vida industrial: la mujer casada de la clase trabajadora."(6) El naciente radioteatro para ellas, y los inicios trasmisiones deportivas los domingos para los hombres, transformó totalmente la forma de acceder a la información. Los relatores deportivos pasaron a tener fama legendaria entre los trabajadores, que ahora podían acompañar e imaginar la jornada futbolística, con las fotografías y la crónica de la jornada hecha por la prensa escrita, junto a la voz del relator.(7)Fue en el Sudamericano de "Santa Beatriz" de 1935 en que por primera vez se transmitió un partido de fútbol en directo desde el exterior. Los relatos de Lalo Pellicari llenaban de emoción los goles que llevaron a Uruguay a conquistar el Sudamericano.


La "conciencia de clase" la encontramos en todos lados en donde existía una fuerte sociabilización entre los trabajadores. Incentivada en un comienzo por los agitadores anarquistas, en donde luego pasaran a predominar los militantes del partido comunista, la conciencia de clase fue muy fuerte. Será fundamental para este trabajo, la relación entre el movimiento obrero y el fútbol de la época, como veremos más adelante.
El ascenso de las clases medias fue como habíamos dicho otra de las características del período. En encuestas realizadas recientemente, todo el mundo en Uruguay se sentía identificado con pertenecer a la clase media. Básicamente esta pertenencia viene dada en relación en cómo se ve al otro, al acceder a un mínimo confort, siempre va a ver alguien que está peor y otros que tienen más.


"Clase media es una expresión que designa a un sector heterogéneo de la población integrado por pequeños negociantes, industriales, profesionales, y otros trabajadores calificados que obtienen ingresos moderados, [...], trabajadores de "corbata" y empleados asalariados de los grandes establecimientos mercantiles, industriales, y financieros."(8)


Esta definición, del Diccionario de Sociología del Fondo de Cultura Económica, transcripta por Germán Rama, más bien encierra un término vago. El creciente espíritu mesócrata que empezó a alimentar el reformismo batllista llevó a que se censurara la ostentación de la riqueza económica. Más bien esta cultura batllista empezó a alimentar hombres de perfil bajo, que iban y venían de trabajar con trajes y sombreros austeros y hacían culto del ahorro. Este hombre alcanzaba su tipo ideal en el empleado público que la creciente burocracia demandaba. Trabajo seguro para toda la vida, derecho a una jubilación digna, esposa e hijos. Ni mucho, ni poco, sino que en el medio. Las propias clases altas y los sectores populares adquirieron esta lógica y entraron todas en el atajo perezoso de sentirse en el medio. (9) Ni que hablar que el discurso oficial, de dirigirse siempre "a la clase media", encerraba un profundo ocultamiento. Sí todos estábamos en el medio y había alguien que siempre tenía más que nosotros pero otros estaban peor (y todas las clases sociales entraban cómicamente en este juego), lo mejor es que todo siguiera igual.

El football también entraba en este juego imaginario, juego digno de estudio para una historia de las mentalidades en el Uruguay. Los "footballers" de la generación de los olímpicos, encontraron todos empleos públicos como premio a la gloria dada al pequeño país de la cola de paja. Obreros la mayoría, cumplían el sueño del mayor ascenso social de la época, pasar de pertenecer a una familia obrera, hijos de inmigrantes, a pasar a tener un puesto en la codiciada burocracia estatal, pasando a ser un trabajador de cuello blanco. Muchos de ellos terminaron haciendo carrera dentro de la administración pública, el ejemplo paradigmático lo tenemos con uno de los jugadores de la selección victoriosa de los veinte y los treinta, quizá su máximo caudillo, José Nasazzi. Terminó siendo gerente del casino municipal, en donde el puesto de portero lo pasó a ocupar el otro caudillo del fútbol oriental, Obdulio Varela.

 

1.2. El marco político


Pasemos a la política. El Uruguay del novecientos dejó un siglo XIX plagado de guerras civiles entre los dos partidos tradicionales, el colorado y el blanco, por un sistema de partidos moderno y adaptado a las exigencias que imponía el nuevo orden económico, social y cultural. La modernidad nació en el seno de la nación. O sea que para que ésta prosperara y surgieran significados nacionalistas en todo el territorio, el país tenía que estar unificado. Esta unificación comienza con el definitivo triunfo de José Batlle y Ordóñez (partido colorado), sobre Aparicio Saravia (Líder del otro partido tradicional, el blanco) en la guerra civil de 1904.


José Batlle y Ordóñez fue quien con grandes cambios en la sociedad uruguaya dejó atrás un siglo XIX plagado de guerras, dando nacimiento a una sociedad pacífica, moderna y con una importante carga social. Determinando de alguna manera toda la política del siglo XX.


Luis Alberto de Herrera, fue el político -caudillo blanco que reformularía al partido nacional, llevando al mismo a desafiar al batllismo con un proyecto moderno. Herrera reformularía al partido, encauzando a las masas blancas a la civilidad; Vivian Trías, ese lúcido intelectual de la izquierda uruguaya, decía que Herrera hace la transición entre la lanza y el voto. Lo que nunca había logrado Batlle, considerado por los blancos como un matador de la población rural, lo lograría Herrera. Las bases herreristas se basarían en la creación de un populismo nacionalista y anti-batllista dirigido básicamente a la población rural y del interior del país (fundamentalmente los departamentos dominados por la estancia cimarrona). Se usa el mito muerto, Saravia, como símbolo, así como todo tipo de tradiciones basadas en la oposición campo-ciudad.(10)El fuerte liderazgo de Herrera, es contestado por un movimiento que surge dentro del propio partido, que será el llamado radicalismo blanco. Estas disidencias del tradicionalismo llevaran al partido a una fractura.


En la construcción de nuestra modernidad política, le cabe al partido nacional, el haber establecido la coparticipación y el derecho a que existan posiciones disidentes a las hegemónicas.
Dentro de este sistema de partidos moderno que se va gestando, junto a los partidos tradicionales tienen una gran importancia, sobre todo en el ámbito sindical y social, los partidos socialista y comunista de origen marxista, junto a los anarquistas. En los partidos de ideas, también cabe destacar a la Unión Cívica, de origen católico.


Con la reforma constitucional de 1918, que entra a regir a partir de las trascendentales elecciones de 1922 (las primeras con voto universal masculino), el sistema de partidos modernos se comienza a consolidar. Debido a la importancia de captar a las masas, que tuvieron todos los partidos a partir de estas elecciones, será importante, a los efectos de este trabajo, la importancia que asumieron todas las colectividades de construir un discurso popular que buscara captar identidades sociales mayoritarias.
Este orden político que surge en 1922, seguirá sin interrupciones claras hasta 1933, año que se produce el golpe de Estado de Terra.


La construcción de nuestra identidad nacional también fue objeto de disputas entre las diferentes facciones políticas, que pugnaron por apoderarse por un orden simbólico que mostrara las identidades de cada partido. La modernidad triunfante batllista tendría un largo camino por recorrer. Un largo período, que va aproximadamente entre 1904 y 1930, será el que le lleve a afirmarse. La relación entre la creciente afirmación de un Welfare State (un estado social de bienestar) y el nacimiento de profundos significados nacionalistas, serán decisivos para la construcción del proyecto de la modernidad encarnado por el batllismo. Si la década del diez había sido la explosión del estatismo, la década del veinte (entre 1923 y 1930) sería la de todo tipo de manifestaciones xenófobas, dentro de las cuales el fútbol tendrá un papel medular. La integración de un territorio en torno a la bandera es una de la s obsesiones más perseguidas por la modernidad. El nacionalismo, dios de la modernidad, todavía sigue siendo adorado por los fieles habitantes de un territorio arropado bajo una enorme e imaginaria bandera que es aupada por los sentimientos.


"Uruguay nació antes que los uruguayos, el Estado precedió a la nación" (11) La identidad nacional se comienza a afirmar prácticamente cien años después del nacimiento del Estado uruguayo como nación, en 1830. Y es por eso que el batllismo comienza a crear todo tipo de mitos y leyendas de bronce, mármol, cemento y tinta impresa en esta década. Repasémoslos.


"En 1923, ante una multitud desbordante y frenética de nacionalismo, se inaugura en la plaza independencia el monumento de bronce a José Artigas. Éste es el máximo prócer de la historia nacional uruguaya, cumple una función muy similar a la de San Martín en Argentina y Bolívar en Venezuela, que es la de encontrar a un conductor símbolo que guíe a toda la comunidad por los senderos a veces tortuosos de la modernidad. Se intentó hacerle decir a Artigas cosas que él no había dicho nunca, mostrarlo al mundo como fundador de la nación uruguaya. Curiosidades de la historia: cuando surgió el país como nación independiente bajo el nombre de República Oriental del Uruguay, Artigas era visto por las principales familias dirigentes como un matón, un gaucho malo (los gauchos eran típicos personajes nómades, hombres de a caballo del campo uruguayo) y contrabandista y principal síntoma de la barbarie. Ahora aparecía ahí, majestuoso, sentado en un caballo que no tenía nada de criollo, sino que era perteneciente a los modelos equinos de la Italia del Renacimiento. Al igual que el "football" (porque todavía no se había castellanizado el término como "fútbol"), Artigas serviría en esta década del veinte para afirmar el proyecto batllista. Vale la pena detenerse en la Avenida 18 de julio, esta arteria símbolo del universo moderno uruguayo, y que no sólo era el centro de Montevideo, sino que era el centro del país. Empezaba y terminaba con el prócer Artigas: se inicia en la Plaza Independencia, lugar del monumento a Artigas, y termina en el Bulevar Artigas. En esta década se engalana la 18 de julio con todo tipo de símbolos (pensemos en el nombre de la avenida, referente a la jura de la constitución, el 18 de julio de 1830). El batllismo triunfante vio en esta calle la perfecta creación de una arquitectura del poder. Los significados que ésta produce parecen irradiar a todos los rincones del país y contribuyen a forjar una identidad nacional. Continuando con los monumentos, el 25 de agosto de 1925, fecha del centenario de la declaración de la independencia nacional, se decide inaugurar el palacio Legislativo, majestuoso edificio neoclásico en donde a partir de entonces se pasó a reunir el parlamento. Toda su arquitectura quedó librada a producir una estética democrática. Y una vez más, los uruguayos creen mitos y leyendas que no tienen una relación clara con lo que realmente pasó. El 25 de agosto de 1825 lo que realmente hizo Uruguay fue declararse independiente de Brasil, pero continuó unido a la Argentina hasta 1828. Otra efeméride se ve en 1828, cuando toca al "gaucho" el derecho al bronce. Un hermoso monumento en plena 18 de julio lo ve gallardo montado en un brioso corcel. Una nueva curiosidad de la historia: El "gaucho" fue uno de los enemigos temibles del proyecto de modernidad montevideano, pues representaba a la llamada "barbarie" rural de los bravos jinetes salvajes del campo. Pues bien, una vez exterminados los gauchos como real peligro, se decide levantarles un monumento en el centro de la ciudad que los exterminó." (12)


En 1930 se construye el estadio Centenario con motivo de la realización del primer campeonato mundial. Por último, en 1935 se construye el Obelisco.

 

2. La generación olímpica y el sistema de partidos uruguayo
2.1. La Asociación Uruguaya de Football y el batllismo


El sistema de partidos surgido de las elecciones de 1922, que como vimos fueron las primeras de sufragio universal masculino, sufrió grandes movimientos. Dichos movimientos y la forma de reaccionar ante la nueva coyuntura, así como también los cambios ocurridos en la sociedad de comienzos de siglo que anteriormente habíamos tratado se verán reflejados en el fútbol de los años veinte.


El partido colorado, que sigue estando dominado hasta 1929 por la enorme sombra de influencias de José Batlle y Ordóñez, vive hacia su interna fracturas y escisiones. El batllismo ya no es la única corriente dentro del partido, por el contrario, surgen agrupaciones claramente enfrentadas al líder como ser el riverismo, el vierismo, y el sosismo. La reforma constitucional de 1918, había alentado un profundo debate entre colegialistas y anticolegialistas. Detrás de este debate, encontramos profundas discrepancias también con las reformas económicas y sociales del batllismo. El riverismo, surge de la idea de formar, dentro del partido colorado, el partido colorado General Rivera. Dirigido por Pedro Manini Ríos, se expresaba a través del matutino "La Mañana". En mayo de 1919, el grupo que se separa es el encabezado por Feliciano Viera, el presidente en ejercicio luego de haberla ejercido Batlle y Ordóñez y que había protagonizado el famoso alto a las reformas económicas y sociales del batllismo. Por último el sosismo; este grupo es fundamental para entender las relaciones entre el fútbol, la política y la sociedad del período.


Julio María Sosa era un político colorado tremendamente vinculado en un principio a Batlle y Ordóñez; siendo un destacadísimo periodista del diario "El Día" que llegó en su momento a ser director. Es en esta figura que podemos establecer el triángulo, que se dio aquí y en otras parte del mundo, basado en que el destaque económico, lleva a la figuración en la dirigencia deportiva y por último a la figuración política. Lo cierto es que el batllismo encuentra desde el vamos la importancia de darle vida a personas que arrastraban masas desde su actividad en el fútbol. Julio María Sosa, comienza a destacarse en la dirigencia de Peñarol, justo cuando el club vivía su trascendental paso de ser un centro gremial ligado al ferrocarril inglés, a independizarse totalmente y pasar a ser un club netamente criollo (esto se da a partir de 1913). Llega a la presidencia en 1921; el alejamiento de Sosa del viejo caudillo lleva a que su Peñarol sea expulsado del seno de la Asociación, que pasa a quedar dominada por los batllistas Atilio Narancio y César Batlle Pacheco.

El Peñarol de Sosa funda la Federación Uruguaya de fútbol, pero de alguna manera todo el poder queda en la asociación que tenía el apoyo del Pepe Batlle. Su encumbrada carrera culmina al llegar a formar parte nada menos y nada más que del Consejo Nacional de Administración en 1922 (que en la reformulación de la Constitución de 1918, había establecido un Poder Ejecutivo bicéfalo formado por un Presidente y un Consejo Nacional de Administración). El debate entre colegialistas y anticolegialistas que se dio dentro del seno del propio batllismo (del que él formaba parte) lo tomó acercándose a la segunda posición, y esto lo llevó a enfrentarse duramente con Batlle y Ordóñez. La cosa era clara, o se estaba con el viejo caudillo o no se estaba. Peñarol, bajo la presidencia de Sosa, claramente era una institución que pasaba a estar afuera del área de influencia del batllismo.(13)El hombre de confianza del batllismo en el fútbol pasó a ser el Doctor Atilio Narancio. "Prominente pediatra y hombre público, identificado desde muy joven con Batlle. Fundador de Nacional, fue activo participante de la célebre asamblea de 1911, que fijara su rumbo democrático contra los cuelludos, decisión donde se advirtió la influencia democratizadora del batllismo."(14)

En el trascendental año de 1922, en que el partido colorado se jugaba su primera elección con sufragio universal masculino, lo que pasara en la política se vería reflejado en la dirigencia deportiva. Las rupturas dentro del partido se verían reflejadas como un espejo en el fútbol. La Asociación Uruguaya de Football, con el colegialista batllista Narancio y el club Nacional a la cabeza, se separó de la Federación Uruguaya de Football, que quedaba con el proscrito Julio María Sosa y Peñarol a su frente. El apoyo propagandístico de "El Día", el diario por lejos más vendido en el momento fue para la asociación. La fusión sólo se podría lograr, sí la figura de este fugado del batllismo se alejara de Peñarol. En este clima cómo vemos tremendamente enraizado, el candidato lógico del partido a la Presidencia de la República tendría que ser una persona neutral. La figura que descolló y que finalmente fue Presidente electo, fue José Serrato. El 1° de marzo de 1923 Serrato asume la Presidencia frente a un desbordado cabildo. Julio María Sosa pasa a presidir el Consejo Nacional de Administración en el período 1923-1924 (El presidente Serrato será el hombre de unificar nuevamente el fútbol uruguayo, logrando la tan festejada fusión en 1925).


En 1923, Atilio Narancio se transforma en un visionario; promete a la selección celeste que jugaría el sudamericano representando a la Asociación (y no a la federación) que sí lo ganaban, toda la delegación iba a viajar a París, a participar en los juegos olímpicos del año siguiente. Si se llegaba a ganar, toda la gloria de la victoria iba a quedar para la fracción batllista del partido colorado. En esta nueva generación de "footballers", descollaban en la selección y en Nacional (que por supuesto que era la base del seleccionado de la Asociación) algunos jugadores que luego se harían célebres en el medio. "Entre las caras nuevas, estaba un joven delantero de Bella Vista, José Nasazzi. Cómo sabía jugar en la zaga, lo incluyeron en esa posición. Su capacidad de mando lo convirtió además en capitán."(15)Lo que estaba en juego, además del prestigio político que le traería al batllismo haber sido el único que apoyó la empresa, era la afirmación de un estilo nacional, afirmación que se daría con el enfrentamiento con los países europeos. Los enfrentamientos con Argentina no hacían más que afirmar la existencia de un estilo rioplatense de jugar al football, que básicamente encontraba su alteridad en el estilo británico.


Los VIII Juegos Olímpicos, a desarrollarse en la ciudad de París en 1924 nacía en circunstancias muy particulares. Era el segundo Juego Olímpico de la primera post-guerra. Todavía Europa vivía los ecos de la Primera Guerra Mundial, los resentimientos nacionales seguían a flor de piel. Alemania por segunda vez no era invitada a los jugos, el COI de esta manera castigaba al considerado país agresor, acerca a las diferentes naciones bajo el símbolo de la bandera de los cinco anillos (bandera nacida precisamente en el Juego Olímpico anterior al de Ámsterdam, la de Amberes de 1920). Había nacido un país gigantesco, la URSS que no había sido invitado y que desarrollaba una política deportiva internacional propia y competitiva del olimpismo de Coubertin que culminaría con la espectacular Espartakiada de 1928 en Moscú.(16) Al estar al margen todo el mundo colonial, el valor deportivo de los negros africanos se desconocía. Más bien, todavía era una competición entre la Europa insular y continental y los EE.UU. Los jóvenes países de América Latina contaban muy poco. El atletismo, el ciclismo, el esgrima, la lucha greco romana, la natación, el remo, etc. eran las grandes y tradicionales competencias de los juegos. Las fáciles victorias de Uruguay en el torneo de fútbol de los juegos olímpicos contra Yugoslavia, EE.UU., Francia, Holanda, y Suiza en la final fueron seguidas durante el desarrollo de los partidos por una verdadera multitud. Ya el fútbol se había transformado en un gran centro de atención durante los juegos olímpicos de Amberes en 1920. Uruguay era visto como un país exótico y desconocido, una joven República de la lejana América del Sur. Las maravillas futbolísticas que hacía Andrade, el jugador negro de la selección celeste deleitaron al frío público parisino e hicieron suspirar a más de una jovencita. El día de la final contra Suiza una enorme expectativa se apoderó de Montevideo. La multitud se aglomeraba frente a la sede de los diarios, ya que estos publicaban carteles narrando el resultado del encuentro. No olvidemos que la prensa escrita era el único medio que generaba una cultura de masas. El peso de la radio todavía era insignificante.


El desborde popular del sábado 7 y del lunes 9 de junio, era algo que nunca se había visto en Montevideo; jamás esta ciudad se había transformado en una fiesta llena de delirio popular nacionalista. Todas las clases sociales por primera vez, con motivo del football, festejaban unidas en torno al himno y la bandera junto al propio Presidente de la República que saludaba alborozado y emocionado en el balcón de la casa da gobierno y recibía a cambio los saludos de la multitud que festejaba emocionada. Ante esta gigantesca manifestación de gente aglomerada en la Plaza Independencia frente a los símbolos patrios, las reacciones de los diferentes grupos que componían esta sociedad diversa y compleja fueron absolutamente variadas. En la investigación que hemos abordado en los diferentes medios existentes en 1924, lo que aparece es un verdadero debate en aquello de cómo sentir la patria y el nacionalismo. Desde el punto de vista simbólico lo que encontramos son diferentes discursos que reflejan posturas contrapuestas en torno a lo que es la nación. Y lo interesante aquí, es que uno de los discursos, el de la prensa izquierdista, fue absolutamente silenciado por la historia oficial del fútbol uruguayo. Nuestras tradiciones futbolísticas han sido inventadas y reinventadas por la prensa oficial. Hay un pasado de oro, un pasado que nos permita escaparnos por un instante de este presente tan asfixiante. Los recuerdos pueden ser maravillosos o peligrosos. En todo caso, cuando nos llevan a un mundo de ensueños, se parecen a un cuento de hadas, en el que el hada madrina de la victoria vestida de celeste nos hace soñar por un instante en las delicias del triunfo. El problema, es que esos recuerdos, en un momento que clasificar para un mundial es un milagro, sólo sirven para archivarlos en el museo de los muertos ilustres, junto al panteón de los próceres.(17) Esto nos acerca mucho a lo que es el partidismo y el subjetivismo al que está sujeto la observación histórica. Las palabras de Marc Bloch, escritas en la soledad de su prisión en un campo de concentración nazi nos ayudan a entender más el fenómeno. "El historiador se halla imposibilitado por sí mismo de comprobar los hechos que estudia. [...] Necesariamente nos acercamos a los mismos por otro, que nos mediatiza la relación".18 Justamente, al habernos acercado a observadores directos de estos acontecimiento deportivos, que respondían desde el punto de vista partidario a intereses disímiles, nos muestran lo que la historia oficial oculta.


La cobertura del diario "El Día" fue tildada de espectacular para la época. No era para menos, era el equipo respaldado por el batllismo, el equipo de la asociación de Narancio el que estaba representando a Uruguay en el viejo mundo. El diario "El Día", será a su manera el encargado de generar el imaginario del fútbol uruguayo a través de una página deportiva. Fue fundado en 1886 por José Batlle y Ordóñez. Este diario, basándose en la posibilidad de generar una cultura de masas a través de la prensa escrita (ya que empezaban a hacerse sentir los efectos de la alfabetización masiva iniciada unas décadas antes), se transformó en el compañero típico del domingo de los sectores populares. Los ideales políticos democráticos, la sección para la mujer, el suplemento dominical y por supuesto la tan esperada por los hombres página deportiva (aparecida a partir de 1908), fueron los que empezaron a modelar la opinión pública mayoritaria. Cuando en 1924 los "olímpicos" ganan la medalla de oro, "El Día" será el único diario en cubrir el acontecimiento. Su redactor, Lorenzo Batlle Berres (sobrino de Batlle), comienza a llenar de "uruguayismos" a la selección celeste dominado por un profundo sentido de la épica, de la hazaña de ganarle a los equipos europeos, un sentido de que "vosotros sois el Uruguay" llenaba sus páginas. Sus directores en ese momento eran nada menos que Baltasar Brum, el batllista que había sido presidente hasta 1923, año que asume Serrato, y César Batlle Pacheco, el hijo de Batlle. Todavía eran frecuentes las visitas a la redacción del ya anciano Batlle y Ordóñez, que por supuesto, comprendía el clima de apasionamiento deportivo que se vivía en la redacción aquel frío junio de 1924.

El formato del diario, básicamente respondía a las exigencias de la época. Luego de los avisos clasificados que aparecían en la primera página, se continuaba con el servicio exterior donde eran muy prestigiosas las noticias telegráficas llegadas a último momento, venía luego el editorial, las noticias de la política nacional y luego la página deportiva se anunciaba bajo el título de "cultura física". Para mayo junio de 1924 una página especial era dedicada al desarrollo de la actuación celeste en los juegos. En el día del debut, una foto gigante de todos los jugadores con el escudo de la patria en el medio anunciaba la cobertura espectacular. El gran esfuerzo económico que había significado mandar al sobrino de Batlle a Europa, se sumaba a una página con despliegue fotográfico diario. Esto atraía tremendamente a las masas, ya que se notaba claramente la diferencia de cobertura con el resto de la prensa escrita del medio. Y directa o indirectamente los hacía batllistas, al trasmitirle valores y símbolos del partido del poder. Al correr de página de las sensacionales victorias que venían de París, se mostraba siempre una sección dedicada a las grandes asambleas partidarias en Montevideo y el interior del país, mostrando continuamente la política "obrerista" del batllismo. Ante las diferentes victorias que venían de París, relatadas en crónicas hechas por el talentoso sobrino de Batlle que hacían las delicias del público lector, siempre se resaltaba lo que para el diario era la enorme figura de Narancio. El propio Batlle, su hijo César, Baltasar Brum, sabían que este pediatra incondicional a su grupo era "el padre de la victoria". La victoria era una victoria política del Batllismo. Detengámonos por ejemplo, en la crónica del viernes 30 de mayo, luego del triunfo sobre los holandeses.


"No resistimos a la tentativa de repetir las palabras del doctor Narancio a raíz de la victoria." "la ilusión va forjando realidades". [...] Cuando la noticia del triunfo fue conocida ayer en nuestra ciudad, el pueblo uruguayo se mostró impotente para contener sus explosiones de entusiasmo, registrándose escenas pintorescas y una emoción indescriptible. [...] Así la primera gran columna a cuyo frente se llevó la bandera nacional que tremolaba en los balcones de la casa del partido colorado partió de la calle Convención y Av. 18 de julio al son de marchas cantadas, [...] llegando hasta la del presidente de la Asociación Uruguaya de Football"(19)


El valor que tenía todo esto desde el punto de vista simbólico era enorme. Una marcha que salía de la casa del Partido Colorado entregaba una bandera uruguaya a Narancio, el presidente batllista de la Asociación Uruguaya de Football. La masa que coreaba a Narancio, se transformaba en uruguaya a través del batllismo. Hay una construcción simbólica de lo nacional, a través del aparato propagandístico de los seguidores de Batlle. Y este mensaje no solamente era policlasista, si no que se dirigía a todos los habitantes de la República. La apropiación de símbolos patrios, como son el himno y la bandera, permitía la integración simbólica imaginaria de todo el territorio. El investigador Sergio Villena nos muestra la importante función simbólica del fútbol en toda América Latina.


"En América Latina, el fútbol fue apropiado como tradición y convertido, entre otras cosas, en un poderoso instrumento funcional para estimular la integración simbólica tan necesaria para la conformación de las identidades que están en la base de esas comunidades imaginadas que son las naciones."(20)


Para realizar un análisis del discurso de la construcción de un estilo nacional que se realiza en "El Día", nos es fundamental acercarnos a la teoría de las dos fundaciones, la británica y la criolla, realizadas por el antropólogo Eduardo Archetti.


"Es interesante observar que lo "criollo" se define a partir de la predominancia de apellidos españoles e italianos. Lo criollo pasa a ser una fundación de los hijos de inmigrantes latinos. Los hijos de inmigrantes ingleses nunca fueron concebidos como "criollos", no se transformaron en "criollos" jugando al fútbol. ¿Cómo explicar estas diferencias? (...) Los estilos a su vez, van a estar basados en las diferencias étnicas conceptualizadas como diferencias de carácter y en la forma en que se estructuran los sentimientos y las prácticas corporales".(21)


La idea de mezcla, de mestizaje, es central en los intelectuales que desarrollan la teoría de la hibridación en lo cultural, en donde en el intercambio que se produce en esa práctica cultural que es el jugar al fútbol, se produce un nuevo híbrido que es el estilo nacional de jugar, que mezcla el coraje, la picardía y la habilidad latina entronizada en la gambeta. Con un agregado que será fundamental luego del Sudamericano de 1935 y es la "garra charrúa". Y fundamental para diferenciarnos y afirmarnos frente a nuestra principal alteridad, la Argentina. Las narrativas periodísticas que fundan el estilo criollo con complementarias con los relatos nacionalistas que veremos desarrollarse en los textos escolares.


En la edición posterior a la victoria, "El Día" realiza una emocionada versión del triunfo, destinándole un lugar en la prestigiosa sección de "Exteriores", que junto con el editorial, y después de los avisos clasificados inauguraban las páginas del diario.


"Esta sección, que está destinada a comentar el mayor acontecimiento de los ocurridos en el mundo durante las últimas veinticuatro horas [...] ¿Cómo sustraerse al comentario del resonante éxito que acaba de obtener el team uruguayo en las olimpíadas de París? [...] Cuando unos cuantos ingleses locos empleados de casas extranjeras comenzaron a jugar entre nosotros [...] Creíase al principio que el football era un juego eminentemente sajón, no sólo desde el punto de vista físico sino también psicológico, es decir que sólo se encuadra a la frialdad y serenidad de los británicos. Sin embargo ello no ha sido así, y no sólo nuestro pueblo ha sido capaz de producir campeones en lo viril si no que también ha sido capaz de crear una táctica especial, hecha a base de ligereza, de ductilidad, de corazón y de inteligencia [...] Nuestros muchachos de pequeña talla, delgados y algunos de ellos pocos favorecidos desde el punto de vista de la apariencia física han vencido en quince encuentros a los más fuertes campeones del mundo, todos más altos, más fuertes, más bien formados."(22)


Los relatos épicos de Lorenzo Batlle Berres, el único enviado especial a los juegos, construyen el "mito" celeste. Se comienza a construir el estilo del "football" uruguayo basado en el sello que le daba la raza latina a ese "invento" anglosajón. El estilo nacional, se construye en relación al "otro" cercano, los argentinos, y al "otro" lejano, el estilo británico. El estilo "criollo", es primero y básicamente (como decía Borocotó, el periodista "estrella" de la revista "El Gráfico" de la época) el estilo rioplatense basado en el pase corto y gambeta.


En la crónica de los partidos, todavía en 1924 se nota enormemente la influencia británica en palabras futboleras que poco a poco se irán llenando de la influencia criolla. El campo de juego es el "field", todavía no la cancha. Los equipos son los "teams", y otras palabras como "shot", "forwards", son muy claras al respecto. El proceso de hibridación será lento y progresivo, en esta "nacionalización" los medios masivos como "El Día" cumplirán un papel muy importante.


La edición del 10 de junio, al otro día de la final, no podía ser menos que apasionada. Se creaba un "nosotros" inclusivo muy fuerte que llevaba a elaborar un discurso nacionalista con connotaciones batllistas. Mientras el diario "Justicia" atacaba a "El Día" de tener una falso obrerismo en su discurso, el diario seguía batiendo récord de ventas precisamente entre la clase obrera. Los canillitas agotaban la edición de ese día, mostrando en la página especial, una enorme foto con el pueblo volcado a la calle a festejar. Todos, desde el ex presidente de la república Baltasar Brum, hasta el consejal batllista Narancio pasando por el más humilde de los empleados recién entrados a la redacción, sabían que la victoria era para el diario. Una fotografía de Brum rodeado por todos los empleados descorchando un champagne enviado por una confitería amiga del único diario que siempre había apoyado a los olímpicos era un símbolo de la relación del diario de Batlle con el "football".


Todo esto nos lleva a reflexionar como a través del batllismo se creaba una patria subjetiva, se era uruguayo porque se era batllista. La "hegemonía" del batllismo en el proyecto de modernidad nacional. El batllismo, basado en la creación de un estado social que va acompañado en lo cultural por significados nacionalistas, fue la política encargada de articular proyectos con identidades mayoritarias que le permitieran generar consensos y así gobernar. Las identidades se forman en la vida social a través de la actividad políticamente eficaz que articula y por lo tanto vincula diversos antagonismos sociales. Usando términos gramscianos, a esta actividad la podemos denominar "hegemonía". El batllismo fue el primero en captar la importancia de acercarse a identidades que poseían los inmigrantes como nueva clase social emergente. El fútbol fue una de las formas de articular con las masas, la hegemonía llega a ser tal, que como vimos, una fractura dentro del batllismo llevaba a una fractura en la dirigencia deportiva.


La disputa del triunfo con los blancos adquiere matices muy interesantes. Como hemos visto, un antibatllismo militante movía al sector liderado por el caudillo blanco Herrera. En la década de los veinte, hay una verdadera disputa por los símbolos y las tradiciones con el partido colorado que se reflejará por ejemplo en una disputa por el calendario y los feriados. Para los blancos, la fecha más emblemática de la historia del Uruguay era 1925, año de la cruzada liderada por Lavalleja y Oribe y año de una falsa idea de declaratoria de la independencia. Para los colorados, el ano emblemático es 1830, año de la jura de la constitución y del comienzo de la primera presidencia en la historia de la República, la del general Rivera. Oribe y Rivera se transforman en los mitos fundadores del partido nacional y colorado y es en torno a ellos que cada partido teje su leyenda patria. En torno al nacionalismo desatado en los festejos de 1924, también encontramos una disputa por esta naciente tradición. Los periódicos blancos marchaban a la saga del partido colorado en la forma de cubrir el acontecimiento. No tenían ningún enviado especial en París, fueron dirigentes colorados los que promovieron a la "generación olímpica". "La Tribuna Popular", un diario blanco que muchas veces tenía un tono escandaloso, se sumaba a los festejos, pero hábilmente separaba a la hora de llevarse los méritos del triunfo, a los dirigentes de los jugadores. Sí la dirigencia era básicamente un lugar donde el sector colegialista y anticolegialista del partido colorado se disputaban hegemonías, los blancos arremetían de afuera; la muchachada de "footballers" ya había cumplido logrando la medalla de oro, los dirigentes tenían que cumplir logrando la "fusión" del "football". "La Democracia", otro de los diarios que se consideraba como órgano del partido nacional, llega a proponer incluso, como condición para lograr la "fusión", la renuncia de Narancio.

 

2.2. La izquierda y el fútbol


Para entender las diferentes ópticas que tuvieron las "izquierdas" con respecto al deporte, es importante partir de las repercusiones de la revolución rusa en Uruguay. La naciente clase obrera había tenido en un principio gran influencia del anarcosindicalismo centrado en torno a la FORU. Junto a los anarquistas, eran los socialistas los que comenzaban a tener cierta influencia. En 1921, un congreso extraordinario del partido socialista se junta en Montevideo para discutir si aceptaban o no las 21 condiciones propuestas por la tercera internacional de proletarios que respondía a los lineamientos dictados por Lenin y su partido revolucionario triunfante en el poder desde Moscú. Una mayoría de 1007 votos contra 110 en contra, decide adherir. Esa mayoría pasa a llamarse partido comunista. La adhesión de estos hombres de izquierda liderados por Mibelli, Eugenio Gómez y Lazarraga al internacionalismo de Moscú es clara. A través del diario "Justicia" pasaran a defender lo que ellos consideraban como el pensamiento de vanguardia que debía llevar a las juventudes obreras a una revolución. Por otro lado, la minoría encabezada por el Dr. Frugoni reconstruye el nuevo partido socialista que editará desde 1922 el semanario "El Sol". Veremos las posturas que tomaron comunistas y socialistas ante el gran triunfo olímpico.


Utilizando distintas estrategias, todos los partidos de izquierda compartieron el rechazo a la xenofobia nacionalista desatada por la prensa del poder luego de la conquista de Colombes. Empecemos por los comunistas. El recientemente fundado partido comunista del Uruguay enseguida tomó distancia del partido socialista de Frugoni y de los anarquistas. En las elecciones de 1922, los comunistas obtienen 3000 votos, y consiguen una banca en diputados, desbancando a los socialistas de las cámaras. La clase obrera, que como hemos vista trepaba a las 30.000 personas, era el grupo que apuntaban. La idea era generar una "conciencia de clase ", utilizando precisamente una estrategia de clase contra clase. Nosotros contra ellos. Burguesía contra proletariado. El término "burguesía" abarcaba un gigantesco conglomerado de personas compuesta por políticos colorados y blancos, empresarios, dirigentes deportivos, directores de diarios y revistas, etc. La creación de un sindicato propio, la CGTU, y el tener un medio de comunicación en la calle, el diario "Justicia", posibilitaron una estrategia que era el convertirse en un partido de masas (objetivo que nunca se pudo llevar a cabo).

El diario "Justicia" era un órgano de prensa que muestra en los años veinte y treinta la etapa radical del partido comunista uruguayo y la búsqueda de crear un tipo de hombre ajustado al ideal del "perfecto" camarada comunista. Un diario que a duras penas se mantenía, que incitaba permanentemente a la suscripción y a la organización de colectas y rifas para sanear las finanzas. Un diario que se basaba en la denuncia, denuncia de lo que ellos decían ocultaba la "prensa burguesa". A través de él, uno puede estudiar el imaginario de los dirigentes comunistas de entonces. Básicamente, lo primero que aparece es el deslumbramiento con la revolución rusa y con todo lo que viniera de Moscú. Hay una sensación que la revolución proletaria mundial puede triunfar en cualquier momento y el capitalismo desaparecer de la faz de la tierra. Por momentos parece cuestión de horas, un nuevo orden mundial puede aparecer sobre el planeta. La figura de Lenin es prácticamente puesta a la altura de un mito, de nuevo dios para los obreros. En el diario siempre aparecen avisos donde se venden retratos de Lenin y permanentes fragmentos de su pensamiento, que aparecen citados entrecomillados en la carátula del diario y que adquieren la fuerza de un mandamiento religioso.


Con respecto al deporte, son justamente las ideas de Lenin y las del partido comunista de la URSS las que se intenta llevar adelante. Se intenta captar la juventud a través del deporte, llevándola a los intereses del partido. Estos intereses pasaban por crear un internacionalismo proletario opuesto a todo lo que sea nacionalismo y culto a la patria. A nivel simbólico encontramos el himno y la bandera de la nación enfrentados a la bandera roja de la revolución. El deporte burgués era patriotero, llevaba a la juventud obrera a ser envenenada por un nacionalismo que le hacía perder sus intereses de clase y básicamente sentir rivalidad por los "hermanos de clase" de otros países. En el deporte burgués todas las clases sociales estaban juntas en torno al culto al patriotismo. El deporte proletario tenía que ir por otros caminos. Sí había que atraer al joven a la revolución social, la única forma era acercándolo a los símbolos rojos. La Internacional Roja del deporte, organismo deportivo surgido desde la burocracia del partido comunista de Moscú, tenía una misión muy similar a la tercera internacional creada por Lenin y que tanta división había creado en las izquierdas del mundo. En el deporte, dos formas de internacionalismo se enfrentaban en el periodo interbélico; por un lado el internacionalismo burgués, por el otro el internacionalismo proletario. El Comité Olímpico Internacional representaba al primero, la Internacional Roja del Deporte al segundo.

Al igual que la recién creada Sociedad De las Naciones, el Comité Olímpico Internacional y las nacientes federaciones deportivas mundiales, no contaban con el apoyo de la URSS y sus partidos comunistas satélites en todo el mundo. Se las consideraba instituciones burguesas y formas ocultas de imperialismo. A un internacionalismo había que oponerle otro internacionalismo. El internacionalismo proletario, que políticamente se basaba en la III Internacional, deportivamente se basaría en la acción de la Internacional Roja del Deporte que impulsaría la fundación de Federaciones Rojas en diferentes países. El gran objetivo sería la realización de una Espartakiada en Moscú, donde concurrirían delegaciones de las diferentes federaciones rojas del mundo. En Uruguay, la Federación Roja impulsó el nacimiento de diferentes clubes deportivos, que comenzaron a competir en campeonatos locales. Los nombres son por más significativos de los objetivos políticos buscados: "Lenin", "Hacia la igualdad", "La Comuna", "Leningrado", etc., son algunos de los nombres utilizados. Lo interesante a destacar es que, en el momento que Uruguay está jugando en los juegos olímpicos de París de 1924, estamos en presencia de tres instituciones deportivas que se sienten llevando adelante el "football" del país. La Asociación uruguaya de Football dominada por el batllismo, la Federación Uruguaya de Football dominada por el sosismo, y la Federación Roja del Deporte dominada por los comunistas.


Para entender la dinámica de las competiciones deportivas impulsadas por la federación roja, es bueno ir a la crónica de un partido de fútbol entre la Federación Roja del Uruguay y la Federación Roja de la Argentina transcripta por el diario "Justicia".


"Desde temprano el público comenzó a afluir a la cancha. Se notaba que era un público muy distinto a los habituales [el "match"era vivido como un acto político del partido comunista]. Reinaba entre todos una gran camaradería [...] Una banda tocó la "Internacional" y otros himnos revolucionarios. Todos lo coreaban con gran entusiasmo. [...] Por último aparecieron los 22 jugadores, referee, linesmen, delegados de la Federación Roja, miembros del Consejo de la Federación deportiva [...] La pequeña columna entonaba la Internacional [...] Hurras para la Internacional del Deporte [...] El compañero Panelón procedió a la entrega de una estrella de Cristal al presidente de la delegación de la Federación Roja, compañero Héctor Podestá. Panelón puso de manifiesto cuanta diferencia había entre los matchs internacionales de las instituciones burguesas y este partido internacional proletario. ¡Cuánto chauvinismo asqueante en aquéllos y cuanta solidaridad en los últimos! Barreiro, secretario del club Alba Roja, entregó luego una hermosa banderita roja, con la estrella bordeada en oro". (23)


En esa alteridad básica, donde el "otro" era la prensa burguesa y los partidos tradicionales, es que se construye la identidad de los comunistas uruguayos, basada en la puesta en escena de rituales que elaboran otro orden simbólico. Si realizamos un análisis etnográfico de este documento, encontramos que son varios los símbolos del partido comunista los que aparecen en el encuentro. Desde el punto de vista sonoro, son las estrofas de la Internacional los que se entonan a coro por dirigentes, jugadores y público en general. En lo que tiene que ver con las banderas, son las de color rojo con una estrella amarilla "bordeada en oro" las que representan a las dos delegaciones en un partido "internacional proletario". Estos símbolos generaban la alteridad. Se entonaba la Internacional por uruguayos y argentinos, y no los himnos que llevaban adelante los "patrioteros". Las banderas rojas enarboladas por las dos delegaciones, unían y no separaban. Era el sueño del internacionalismo representado simbólicamente en un estadio.


La reacción ante el delirio popular desatado por los festejos de los días 7 y 9 de junio fue una muestra de sorpresa y profundo rechazo. Las páginas del diario interrumpieron sus monótonas crónicas sobre la vida del partido, del sindicato, y de la federación roja, ante el espectáculo que de golpe tuvieron ante sus narices. Mientras la prensa, calificada por ellos como burguesa, buscaba de qué forma atraer más al lector con las noticias y las fotos de la victoria, el diario reflexionaba alarmado sobre lo que pasaba.


"El entusiasmo del pueblo culminó ayer en una borrachera bullanguera y delirante. Nunca se había visto tanta gente reunida en la plazoleta del teatro Solís y sus alrededores. [...] Y sí durante el desarrollo del partido esa gente corrió enloquecida haciendo el ridículo, desde uno a otro diario para observar las noticias anotadas en los pizarrones, mucho peor se comportó después, para su propio mal, haciendo el juego a la prensa burguesa y a los que tiranizan al pueblo, con manifestaciones hechas sobre un enfermizo patriotismo. [...] Las banderitas blancas y celestes estaban ayer a la orden del día. De cuando en cuando hacían irrupción en la plaza grupos de jóvenes proletarios cantando la bandera o el himno oriental. [....] ¿Qué representa la bandera azul y blanca, la patria y su himno? ¿Representan la organización social con armas capitalistas y esclavos asalariados?"(24)


El oponer a la "burguesía patriotera" contra la conciencia de clase del trabajador es el hilo conductor del discurso del diario. Se sentía como una derrota política el triunfo deportivo. Están en oposición dos órdenes simbólicos alternativos. Por un lado el que representa a la patria; la patria para los comunistas representa la "organización social con armas". Es una trampa al cuál los jóvenes deben escapar, el ver festejando a las nuevas generaciones de trabajadores junto al propio presidente Serrato que agitaba la bandera en el balcón de la casa de gobierno es sentir que los obreros se pierden para siempre en manos de un nacionalismo engañante. Los comunistas recuerdan a los trabajadores que el deporte tiene otra misión y es la de despertar la confraternidad entre todos los proletarios del mundo. En todo caso, se recuerda que los jugadores son también jóvenes obreros, jóvenes que van a volver al trabajo asalariado en una fábrica o en un almacén.


"Sincera y leal nuestra palabra, al alentar a los proletarios vencedores. [Ya que trabajadores son en su mayoría los integrantes del campeón olímpico]. No se puede dejar al mismo tiempo de señalar los factores interesados que se aplican a este triunfo, desnaturalizándolo, prostituyéndolo hasta el extremo de servirse de él para explotar a sus expensas las más repugnantes manifestaciones de chauvinismo brutal e inferiorizante".(25)


Acá entramos en algo muy interesante. A diferencia de otros diarios de izquierda, "Justicia" apoya la necesidad de ocio de los trabajadores. Lo que denuncia es a la dirigencia deportiva y a la prensa burguesa que manipulan el ímpetu deportivo de jóvenes cómo los que ganaron el oro olímpico, alejándolos de sus intereses de clase y llevándolos a jugar en sus campeonatos y en cuadros como Peñarol y Nacional que son manifestaciones de triste servilismo. A cambio de empleos públicos y algunos favores, los jugadores de origen humilde olvidan su condición de pertenecer a familias obreras. Olvidan el llamado del sindicato y del partido. La burguesía los "prostituye". Aquél joven que iba a trabajar a la fábrica o al taller todos los días envuelto en un abrigo y rodeado de gente en un atestado tranvía urbano, de la noche a la mañana, por efectos de la "prensa burguesa" pasa a ser una leyenda. Reportajes, fotografías, tapa de diarios y revistas. Se transformaban en símbolos "inventados" del sistema, símbolos de esa muchachada sana y vigorosa, en su mayoría hijos de inmigrantes. En un espacio meritocrático como es el fútbol, habían llegado lejos y les mostraban a todos los demás que se podía.


La dirigencia deportiva comunista, que brillaba en la Federación Roja del Uruguay y que escribía permanentemente en la sección "crónica de los deportes" del diario, se creía en condiciones de dar batalla a instituciones deportivas burguesas, cómo era en este caso la Asociación Uruguaya de Football. De alguna forma trasladaba la batalla simbólica por el deporte que se daba a nivel mundial entre los Juegos Olímpicos y la Espartakiada, entre el Comité Olímpico Internacional y la Internacional Roja del Deporte. El gran problema es que la lucha entre las noveles izquierdas y los partidos tradicionales en una joven república cómo el Uruguay es tremendamente desigual. Y es justamente en los medios de comunicación donde esa hegemonía se da claramente; no era porque sí que los obreros montevideanos compraran masivamente "El Día". La llamada por los comunistas prensa burguesa, ofrecía a vintén un servicio fotográfico e informativo que era único para la época. Los gritos de protesta de estos medios de izquierda quedarían relegados a una minoría tan grande que en la mayoría de los casos no daba para cubrir los costos de impresión. La lucha por haber quién atraía a los jóvenes talentos futbolísticos estará definitivamente perdida a partir de 1932, cuando surja el profesionalismo en los campeonatos oficiales. Sí para la izquierda resultaría escandaloso que alguien venda sus piernas por dinero, por el contrario, para muchos sectores de la sociedad el profesionalismo era un paso más para la democratización del deporte ya que permitía a los jóvenes de los sectores populares dedicarse plenamente a la práctica del mismo sin necesidad de tener que trabajar en otro cosa para vivir.(26) Podrá parecer sorprendente la actitud del partido comunista hacia el fútbol y el culto a la patria, pero en el fondo no hace más reflejar la actitud de todas las "izquierdas" de la época ante las tradiciones y el nacionalismo.


Hay algo en que coincidieron la prensa del partido nacional y la izquierdista, y en donde ambas encontraron un punto de ataque al batllismo que parecería querer llevarse toda la gloria. Y esto es en el ataque a nuestra diplomacia, ya que se reconocía permanentemente por la prensa sobre todo extranjera, que Uruguay había pasado a ser conocido en él mundo recién ahora, por la victoria en los juegos olímpicos. Se da un fuerte altercado en las cámaras entre el diputado comunista Mibelli y el colorado Buero (que justamente cumplía funciones diplomáticas en Europa y será fundamental en las negociaciones con Rimet, el presidente de la FIFA, para que Uruguay sea la sede del primer mundial de la historia).


La postura que tomarán los socialistas hacia el deporte será totalmente diferente a la de los comunistas uruguayos, y esto se verá en la forma de reaccionar ante los festejos masivos del 9 y del 10 de junio. Uno encuentra el profundo rechazo a la utilización del deporte por la prensa burguesa, pero también un distanciamiento a la propuesta alternativa, la Federación Roja, por considerarla que formaba parte del internacionalismo imperialista de Moscú. Su postura era más bien la del intelectual de café, que con aspecto meditabundo y cansado lee su semanario de izquierda, y entre complicadas elucubraciones intelectuales sueña con el triunfo parlamentario de los socialistas europeos se traslade para acá. ¿Para acá? Mientras el intelectual de izquierda le da la espalda a su ciudad y al país entero, ese país al que quiere comprender está dominado por la red de caudillos de los partidos tradicionales y no piensa más en ese momento que en el "football" y en besar la bandera patria. La tapa del semanario "El Sol" que precede a la victoria del 9 de junio, anuncia a tamaño sábana un triunfo claro y una victoria arrolladora. Cualquier distraído que se acercara al kiosco de diarios y revistas podía suponer a primera instancia que era otra cobertura periodística del gran acontecimiento que estaba en boca de todos. Pero el triunfo no hacía referencia a Uruguay en" football" sino del partido socialista francés en las elecciones del pasado domingo. Se discutía "sobre el espíritu socialista del pueblo inglés", sobre" la magnifica victoria del partido socialista francés", mientras se establecía un total divorcio con la persona común y corriente. Seguramente, una persona que en esos días les hablara a un grupo de obreros de los grandes avances del socialismo francés sería vista como un trasnochado.


El espíritu de soberbia con que es atacado el pueblo que festeja alborozado no hacía más que dejar aislados a este grupo de intelectuales y militantes. Directamente, un periodista que escribe en "El Sol" con el pseudónimo de Florencio, arremete en nombre de su partido contra "los trabajadores que festejan las cosas lindas que les pinta la burguesía". Arremeten contra el propio pueblo al que quieren llegar. Ya habíamos dicho, que en esta democracia de masas que se inicia en las elecciones de 1922, todos son o se dicen populares. Todos de alguna manera le quieren llegar a las masas, el tema es la diferente forma de articular con las identidades sociales mayoritarias. Desde su rincón de intelectual al socialista le pasaba lo mismo que al universitario; entendía a los trabajadores desde su realidad y muchas veces los trabajadores les terminaban sorprendiendo en sus comportamientos sociales o políticos (el fantasma del populismo no sólo parece campear en los ambientes académicos).


La paradoja periodística uruguaya la encontramos en la relación que se establece entre el diario "El Día" y los medios gráficos de izquierda, "Justicia" y "El Sol". "El Sol" era el semanario de la izquierda ilustrada uruguaya, aquella que luego de los almuerzos del domingo hablaba de política nacional, de los sucesos internacionales y de la marcha de la economía. La principal contradicción cultural de este medio es que tenía un discurso liberalizador de las masas, pero las masas le dan la espalda. El "football" formaba parte de la cultura de las clases trabajadoras, estaban en sus diálogos cotidianos. Que estos temas se transformaran en "criollos" y nacionales dependía de la habilidad que tenía la prensa de los partidos tradicionales, prensa que sí llegaba masivamente. Y a través del "football" muchas veces, cómo era el caso de "El Día", les llegaban con un discurso político partidario. Recordemos que inmediatamente antes de la crónica deportiva, siempre había noticias sobre las grandes asambleas batllistas a lo largo y ancho del país. El batllismo entraba en la cultura de la clase obrera montevideana. Todo el mundo, gracias a la "generación olímpica" conocía a Atilio Narancio, el pediatra batllista que había llevado a los muchachos a la conquista del oro de París.

Notas:


1. Para más información acerca del cambio de mentalidad en las primeras décadas del silo XX ir a Barrán, José Pedro y Nahum, Benjamín "El Uruguay del Novecientos", Montevideo, Banda Oriental, 1979.
2. Ibíd. , Pág. 140.
3. Ibíd. , Pág. 141.
4. Batalla que enfrentó a blancos y colorados y que significó la victoria de esto últimos y la muerte del caudillo blanco Aparicio Saravia en 1904.
5. Hobsbawm, Eric "El mundo del trabajo", Barcelona, Crítica, 1984, Pág. 228.
6. Ibíd. , Pág. 231.
7. Queda por investigar las consecuencias que tuvo en la vida privada de los trabajadores la entrada masiva de los aparatos de radio. A través de testimonios orales, el que suscribe a podido notar curiosas formas de sociabilidad que tenía el hecho de juntarse varias familias a escuchar la transmisión en directo en forma radial, de la participación de Uruguay en un sudamericano o un mundial. Las personas alrededor de una enorme mesa llena de comida y abundante bebida acompañadas de una charla donde todos se ponían al día, sólo interrumpida por la eminente llegada de un gol es el lugar en donde coinciden la mayoría de las entrevistas citadas.
8. Rama, Germán "El ascenso de las clases medias", Montevideo, Enciclopedia Uruguaya, 1969, Pág. 1.
9. Es tanto la obsesión de todos los uruguayos por sentirse en el medio, no tan menos ni tan más, que incluso siempre es las tertulias familiares, cuando se trata de ubicar imaginariamente al país, se lo ubica en el medio. Hay alguno que están mejor, sobre todo los países que están ubicados más al norte. Pero el resto de los países de América Latina eran vistos con desprecio y se los consideraba que estaban mucho peor que nuestra medianía.
10. Así como el sector batllista del partido colorado tuvo al diario El Día como su vocero, los blancos también tuvieron diarios dirigidos a las masas y que buscaban quebrar la hegemonía colorada. La Democracia, La Tribuna Popular, El País, etc. son algunos de ellos. El Herrerismo concretamente tendrá en El Debate a su diario principal. Los principales acontecimientos futbolísticos del fútbol uruguayo de los años veinte, así como el propio mundial del treinta, no tuvieron medio blanco como protagonista mediático del evento.
11. Achugar, H.; Caetano, G. (comps.) (1992) "Identidad uruguaya, mito, crisis o afirmación?", Montevideo, Trilce, Pág. 81.
12. Faccio, Morales, Adamo (2003) "Los campeones del Centenario, Montevideo, Central de Impresiones, Pág. 8.
13. Sucesivamente desde 1914, todos los presidentes de Peñarol son hombres del Partido Colorado. Repasemos: Jorge Culow, Francisco Simón, Dr. Félix Polleri, César Batlle Pacheco, Julio María Sosa, Ing. Arturo Abella, Ing Luis Giogi, Arq. Juan Scasso, Dr. Alberto Demichelli, Pedro , Pedro Viapiana, Francisco Tocheti Lespade, Dr. Alberto Mantrana Garín, Eduardo Alliaume, Dr. Bolívar Baliñas, Dr. Álvaro Macedo, Mayor Armando Lema, Dr. Constante Turturiello, Ing. José Luis Buzzeti, Cr. Raúl Previtalli, Cr. Gastón Güelfi, Washington Cataldi, Cr. Carlos Lecueder y Cr. José Pedro Damián. En cambio Nacional ha conocido presidentes blancos, colorados y algún cívico. Debemos esta información a Franklin Morales.
14. Morales, Franklin "Andrade, el rey negro de París" Montevideo, Editorial Fin de Siglo, 2002, pág. 38.
15. Prats, Luis "La crónica celeste" Montevideo, Fin de Siglo, 2000, Pág. 52.
16. En una investigación realizada denominada" los juegos olímpicos y la guerra" se está estudiando precisamente la relación entre la tregua olímpica y la guerra en el período interbélico.
17. Cuando a partir de 1954 y sobre todo 1958 (año que Paraguay nos elimina con un rotundo 8 a 0 del mundial de Suecia) comiencen a sobrevenir las derrotas que son un alud hacia nuestro presente, habrá una necesidad imperiosa por parte del periodismo deportivo de encontrar chivos expiatorios, personas a la que echarle toda la culpa de las catástrofes, y de esa forma evitar entrar en las razones de fondo.
18. Bloch Marc, "Introducción a la historia", México, FCE, 1998, Pág.. 42
19. El Día, Montevideo, 7 de junio de 1924, Pág. 8.
20. Villena, Sergio "Fútbol y nación", ponencia inédita presentada en el congreso anual de CLACSO "Fútbol, globalización y medios de comunicación" realizado en la Universidad Católica de Montevideo en mayo 2002.
21. Archetti Eduardo "Estilo y Virtudes masculinas en el Gráfico: La creación del imaginario del fútbol argentino" en "Desarrollo Económico. Revista de Ciencias Sociales", Buenos Aires, IDES, 1995, Pág. 430
22. El Día, Montevideo, 10 de junio de 1924, Pág. 4
23. Justicia, miércoles 28 de octubre de 1925, Pág. 2
24. Justicia, Montevideo, martes 10 de junio de 1924, Pág. 1
25. Ibíd. , Pág. 6
26. Hasta el día de hoy esta realidad sigue. Deportes como el polo, el rugby, etc. en Uruguay son practicados por sectores pertenecientes a las clases altas, que hacen gala siempre del carácter amateur y desinteresado de los mismos, que entran más bien en aquel viejo sueño de Coubertin del deporte como formador del carácter del aristócrata.

Andrés Morales Álvarez
moralesa@adinet.com.uy
(Uruguay)

Profesor de Historia.
Docente de Enseñanza Secundaria y Universitaria
Especializaciones en Antropología del Deporte y
Problemas de investigación en Historia Universal y Uruguay


 

2- De las gallinas y el juego desgarrador*

Amir Hamed

 

Dice la leyenda que, en 1924, luego de cruzar el Atlántico en barco, los footballers de la selección uruguaya practicaban en Colombes antes del partido clasificatorio con Yugoslavia. Esa misma leyenda dice que, como se sabían observados, los uruguayos se fingieron chambones, y que incluso algunos jugaron descalzos.

Al día siguiente, el partido terminó con goleada a favor de los de camiseta celeste, y yugoslavos y observadores se asombraron por los dribblings de los sudamericanos, algo que nunca habían podido observar. ¿Cómo habían desarrollado ese juego, la impronta que por décadas habría de marcar al fútbol de este país? La razón que entonces dieron los celestes, según la misma leyenda, era la costumbre que en su país tenían que "corretear gallinas".

Como se advierte, desde el mismo comienzo del fútbol uruguayo ha habido una explicación falsa. Aquellos que navegaron rumbo a lo desconocido y se descubrieron campeones olímpicos no supieron cómo explicarlo, y algo similar sucedió cuando inventaron el ritual de la victoria. Según los registros, el desconcierto y la aclamación del público frente su juego suntuoso llevó a los de celeste -que no sabían cómo responder ante esa nueva exigencia- a ir saludando tribuna por tribuna, dando origen a la vuelta olímpica.

Y en general, a lo largo de las décadas, el fútbol uruguayo fue una rareza. Los argentinos se ungían favoritos, lo mismo hacían los brasileños, pero se repetía -siempre que había paridad de fuerzas- la victoria celeste.

La explicación decididamente mitológica que fue encontrando el fenómeno remitió, según dice también la leyenda, a un periodista de un país entonces poco desarrollado futbolísticamente, que habló de "garra charrúa" para explicar el resultado de una final sudamericana: Uruguay 3 contra 0 del favorito de siempre, Argentina.

El maracanazo vino a asentar esta fórmula desquiciante, porque, una vez más, los otros creyeron que Uruguay iba a ser goleado. Pero el temple deportivo es algo connatural a los campeones de cualquier deporte (a nadie se le ocurre hablar de la garra charrúa del antigravitacional Michael Jordan) y se suele olvidar que, cuando se enfrentaron Brasil y Uruguay en 1950, entre otras cosas, los celestes tenían una prosapia deportiva mucho más importante que sus rivales.

Aunque lo ignoraran, cuando vencían, los uruguayos eran técnica y estratégicamente superiores, porque, como sucediera en 1924 o con el Peñarol de los sesenta, desarrollaban un juego al que los demás no encontraban respuesta. Al juego de los argentinos, cuyo desempeño estaba basado exclusivamente en el dribbling y el pase corto, los uruguayos añadían el pase largo.

Todo terminaría medio siglo después de la primera gran victoria, cuando Holanda vapuleó a un paralítico equipo uruguayo en 1974. Eso, si se quiere, fue un golpe epistemológico del que no hemos logrado salir.


Se confundió, definitivamente, dinámica y potencia con patadones y poca cintura, se confundió defensa con "ir al bulto" y ataque con pelotazos.

En 1974, Argentina había recibido de los holandeses una idéntica paliza, pero por suerte para ellos no pesaba sobre su selección, por entonces inocente de triunfos mundialistas, el peso de "garra" alguna. Los argentinos apelaron a sus recursos de siempre, pero desarrollados a la velocidad que exigía el fútbol contemporáneo.
De ahí en más, los argentinos salieron campeones dos veces, y luego vicecampeones del mundo. Los uruguayos (que recién con la selección juvenil de Púa han vuelto a encontrar un juego para los rivales exótico y no controlable) hemos venido padeciendo un fútbol desgarrado y desgarrador. En cada enfrentamiento internacional los otros no son gallinas -son halcones- y los de acá terminan, con las manos vacías, revolcados en el barro.

• Publicado originalmente en Insomnia, Nº 36





 

 

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