La Copa de Europa de Naciones,
como se denominó originalmente, nació el 28 de junio de 1957
en Estocolmo, cuando quince federaciones aprobaron el proyecto, presentado
por Pierre Delaunay, hijo del antiguo secretario general de la UEFA, y colaborador
de Jules Rimet en la creación de la FIFA y del Campeonato
Mundial.
Delaunay ya había acometido
una primera tentativa en 1927, pero la organización del Mundial,
primero, y la Segunda Guerra Mundial, más tarde, aplazaron el proyecto
del francés.
En aquel congreso de Estocolmo
se acordó que el nuevo torneo europeo llevase el nombre de Copa Henry
Delaunay y se formó un primer Comité Ejecutivo para poner en
práctica el proyecto. El comité se reunió en París
y acordó iniciar el torneo en la temporada de 1959-1960 con diecisiete
naciones inscritas.
Desde entonces el torneo evolucionó
en todos los aspectos, deportivamente en número de participantes en
la previa y en la fase final, y en lo económico, hasta convertirse
prácticamente en el torneo más rico del mundo al margen de los
mundiales. El formato inicial consistía en unas primeras rondas en
las que se jugaban partidos de ida y vuelta hasta llegar a las semifinales,
que se disputaban en el país anfitrión. Dado el esfuerzo realizado
por Henri Delaunay, fue lógico que la primera fase final de la primera
Copa de Naciones de Europa se disputara en Francia en 1960.
De 1960 a 1976, a la competición
le faltó notoriedad, pero el italiano Artemio Franchi, presidente de
la Unión Europea de Fútbol (UEFA), decide aumentar la fase final
a ocho equipos a partir de 1980. Una decisión política, destinada
a afirmar la influencia en el fútbol del Viejo Continente frente a
la hegemonía de la FIFA con una Copa
del Mundo cada vez más famosa, bajo la impulsión de su presidente
brasileño Joao Havelange, quien favorece a África y a Asia.
En la primera edición de 1960 la Unión
Soviética derrota a Yugoslavia por
2-1, gracias a un tanto de Ponedelkic en el suplementario.
España,
que había renunciado a jugar en cuartos de final contra el equipo soviético
por motivos políticos, sí lo hizo en la siguiente edición,
pese a la oposición inicial de Francisco Franco. En el encuentro definitivo,
disputado en el Santiago Bernabéu el 21 de junio de 1964, derrotó
al equipo que lideraba el mítico portero Lev Yashin por 2-1, con tantos
de Jesús Pereda y Marcelino, cuyo gol de cabeza pasó a la historia
del balompié español.
Italia cumplió también con su condición de anfitrión
en 1968, al derrotar en la final a Yugoslavia por 2-0, aunque este marcador se produjo en el encuentro de desempate, porque
en el primero ambas selecciones empataron a un gol.
La Unión
Soviética también llegó a la final en Bélgica
72, y se despidió con el sabor amargo de la derrota, en esta oportunidad
ante la fuerza emergente de Alemania Federal (3-0).
La tanda de penaltis frenó
el empuje alemán en Yugoslavia 76, donde cayó en la final ante Checoslovaquia, luego de empatar
a dos.
Para Italia 80 se volvió
a modificar el sistema de competición. El equipo anfitrión se
clasificó de oficio y se hicieron dos grupos con cuatro equipos. Alemania llegó a la final nuevamente, y en ella se deshizo con
apuros de una selección de Bélgica,
que solamente cedió (2-1) con un tanto a poco del final de Horst Hrubesch.
Tras una edición 1980 decepcionante
en Italia, el verdadero comienzo de la competición
tuvo lugar en Francia en 1984 gracias a Fernand
Sastre, el futuro copresidente del Comité Francés de Organización
del Mundial-98. La fase final de la competición actualmente conocida
como Campeonato de Europa de Naciones, se transforma en un evento espectacular,
con dos semifinales cruzadas al término de la primera vuelta.
El balompié francés
se resarció en esa edición, cuando, con Michel Platiní
como figura estelar, se llevó su primer título grande al imponerse
en la final a España por 2-0.
El espectáculo cambió
de bando cuatro años después, en Alemania 88. La nueva naranja
mecánica, un cuadro en el que despuntaban Ronald Koeman, Ruud Gullit
y Marco van Basten, derrotaron en la final al cuadro soviético por
2-0, con un tanto de Gullit y un golazo de Van Basten.
Todas las previsiones se fueron
al traste en Suecia 92 cuando Dinamarca, que
fue invitado a participar por la baja de Yugoslavia debido al conflicto bélico en su país, se hizo con el título
al vencer a Alemania.
La Eurocopa adquiere definitivamente
su notoriedad en 1996 con una novedad muy importante ya que la UEFA decide
multiplicar la cantidad de equipos en fase final, con los cual de ocho pasan
a ser dieciseis. Es decir una "mini" Copa del Mundo europea.
Finalmente cabe destacar la última
gran sorpresa que esta competición nos dio cuando Grecia derrotó a Portugal, anfitrión
de la, hasta ahora, última edición, por un inesperado 1 a 0.